El cierre del BBK Live, en Bilbao, ofreció como plato más emotivo la posibilidad de ver al histórico líder de los Beach Boys, haciendo en vivo Pet Sounds, la obra cumbre del rock, que hace 50 años iniciaba la psicodelia, marcando el rumbo incluso para el Sgt Peppers de los Beatles
por César Litvak
Lo nuevo y lo viejo. O mejor, lo nuevo y lo clásico… Madrugada de domingo ya en el monte Kobeta (el kobetamendi), en Bilbao. La lluvia no permite disfrutar a full a Primal Scream en el escenario Heineken del BBK Live –acá arriba está más que fresco-, y hace un rato los irlandeses (del norte) Two Door Cinema Club ofrecían un compilado de sus tres discos como una muestra de alta calidad en la escena más novedosa del indie pop. Temas fáciles de asimilar como Cigarrettes in the teather, Undercover Martyn, Do you want it all y Bad decisions provocan fiesta instantánea.
En contraposición, el cierre del festival ofrece una cita con la historia: Brian Wilson, el mítico líder de los Beach Boys, aún gira por Europa celebrando el 50° aniversario de “Pet Sounds”, obra cumbre del rock, piedra angular de la psicodelia, una fija en cualquier top ten de los rankings tipo Los mejores discos de… Breve flashback histórico. Año 1966, gran cosecha para la historia del rock: Dylan culmina su trilogía eléctrica (iniciada en el 65 con “Bringing It All Back Home” y “Highway 61 Revisited”) con el mercurial “Blonde on Blonde”. Los Beatles toman cada vez más posesión de los estudios Abbey Road y editan “Revolver”. Y desde California, Wilson y los Beach Boys marcan el surco inicial de la psicodelia con esa caja musical que es “Pet Sounds”, pura alquimia experimental. Para dimensionarlo estética y cualitativamente, bastará repetir lo que Paul McCartney siempre admitió: “’Sgt. Pepper’s’ se me ocurrió después de escuchar ‘Pet Sounds’”.
Así que aquí estamos, son las 20.30 en el monte, plena luz aún (horario veraniego mediante, por esta época en España el día recién se evapora hacia las nueve y media) y ese señor de andar reposado, que avanza cansino hacia el teclado Yamaha acompañado por un asistente –camisa rosa, pelo canoso engominado- es Brian Wilson. Parece un abuelo. Lo es. A sus 75 años no debe haber nadie tan grande en Kobetamendi: ni por edad, ni por grandeza. “Gabon, Bilbao”, saluda.


